Unus
[🎧] To die for - Sam Smith
El día era perfecto respecto a la situación del momento. Pues las nubes grises posaban sobre ellos dejando caer gotas frías que golpeaban el piso y en los paraguas que los cubrían.
El olor a tierra mojada se levantaba inevitablemente. A lo lejos se llegaba a escuchar las campanadas de alguna iglesia cercana y la voz del hombre en túnica que estaba frente a todos llegaba distorsionada a sus oídos.
Su vista la posó en sus manos, pálidas y un poco lejanas.
— ¿Qué hago aquí? ¿Por qué... siento este frío tan penetrante? ¿Será por el clima?
Levantó la vista y captó una cabellera rubia, estaba empapada pues el chico no llevaba paraguas alguno que lo cubriera del aguacero.
— Kacchan... Te vas a resfriar... ¿Y tu paraguas?
Comentó con la intención de regañarlo, pero en cuanto notó que el rubio no movía un solo músculo, hizo un puchero y caminó parándose frente a él.
Katsuki mantenía la mirada en el suelo. Su rostro no dejaba ver alguna expresión.
— ¿Acaso no me oíste? — preguntó Izuku, y al no obtener respuesta, intentó tocarlo.
Su mano pálida y fría estaba en la mejilla del contrario, pero a pesar de tener ese "contacto" con él, sentía un pequeño velo que los separaba.
— K-ka... Kacchan... Oye... Me escuchas, ¿Cierto? — Una risita nerviosa salió de sus labios... — E-esto no es divertido...
Intentó levantar el rostro del otro pero este simplemente no se movía. Con desesperación miró a sus lados, encontrando varios rostros familiares.
Su madre era abrazada con fuerza por su padrastro, Yagi, el cual con ojos rojos e hinchados mantenía su rostro serio. Detrás de ellos, se encontraban los Todoroki, Rei era consolada por Natsu, la abrazaba fuertemente mientras la mayor lloraba, Fuyumi se mantenía llorando abrazándose a ella misma mientras que Touya posaba la mirada abajo, apretando los puños con coraje, atrás de ellos un hombre enormemente corpulento se mantenía sereno, pero algo en Izuku lo mantuvo alerta, pues apenas vio al hombre, un escalofrío recorrió su espalda.
Volteó al lado contrario, encontrando a la tía Mitzuki tomando con fuerza la mano de su esposo, Masaru. Su mirada pasó más al fondo, viendo a Mirio y a Tamaki, este tenía en brazos a una pequeña peliblanca, Eri, la cual abrazaba con fuerza un peluche de conejo verde. Uno que le regaló el día de su cumpleaños. Tanto a Mirio como a Tamaki se les salían una que otra lágrima. Volvió a ver al rubio, y al alzar nuevamente la mirada, notó que tras él, estaban sus amigos, Mina, Uraraka, Iida, Denki, Shoto y Eijiro.
Uraraka y Mina no dejaban de llorar y abrazaban con fuerza su pecho, el maquillaje corrido dejaba marcas en sus mejillas, Iida y Denki lloraban silenciosamente, intentando aguantar las ganas de gritar, con puños apretados y la cara roja por aguantar el coraje. Eijiro abrazaba con fuerza a Shoto, el cual mantenía su rostro oculto en el cuello del pelirrojo y dejaba salir quejidos, Eijiro no sabia que hacer, su mejor amigo, su hermano estaba sufriendo, pero su pareja no lo quería soltar, y no lo haría, pues no sabe qué recaída tendrá si lo deja por unos minutos.
Intentó innumerables veces hacer que Katsuki reaccionara, que lo escuchara, pero este simplemente lo ignoraba.
[🎧]
No logró escuchar lo que decía el hombre de túnica blanca, y supo que no era algo bueno cuando sintió como el rubio a su lado temblaba.
— ¿Kacchan? ¿Estás bien?
Puso sus pálidas manos en sus hombros intentando sacudirlo... Pronto lo escuchó sollozar, lágrimas empezaban a deslizarse sobre sus mejillas combinando con los rastros de lluvia. Eso sí lo puso más nervioso de lo normal, verlo sufrir y saber que no podía hacer nada era la mayor importancia del mundo.
— Kacchan... No llores por favor...
Izuku por mas que le hablara e intentara moverlo, este no reaccionó, como si fuera en cámara lenta, todas las personas a su alrededor se empezaron a mover.
Los minutos pasaban, Izuku se alejó un momento para que uno que otro de sus amigos se acercara al cenizo a hablar con él. Poco a poco la gente se iba del lugar, claramente con un rostro triste y roto.
Se acercó a pasos lentos hacia su amado. El cual seguía en su lugar pero con la vista hacia el cielo.
De repente la ronca voz del cenizo hizo presencia en ese lugar desolado.
— Estas... ¡Estas cantando! — Exclamó feliz el pecoso. Amaba su voz, ronca y fuerte, pero cuando cantaba era una de las melodías que más amaba escuchar.
El rubio solo se dedicaba a tararear una de las canciones que más amaba.
— Kacchan... — susurró haciendo una mueca de querer llorar con una sonrisa.
Se le dificultaba, claro, un nudo enorme en la garganta le impedía cantar como a él le hubiera gustado.
Izuku solo lo miraba notando que no podía más. Sentía sus ojos arder, más no podían salir sus lágrimas.
La lluvia golpeaba directamente en su rostro, su voz ya no salía así que solo agachó la mirada y dio unos pasos hacia adelante, se arrodilló y puso su mano sobre aquella piedra, dejando salir todo lo que se estaba aguantando.
Y lloró.
Lloró por aquellos momentos llenos de felicidad que se acabaron de la noche a la mañana. Por aquellas risas y peleas, por despertar con su calor cada mañana, por no detenerlo aquella noche, por el dolor que sintió al verlo tan pálido en aquella cama fría de metal. Lloró por él.
Izuku se acercó quedando tras de él, dejando su mano en la espalda del contrario con la intención de consolarlo.
— Ah... Ya veo...
— Izuku... — Soltó al aire.
— Dime...
— ¿Por qué?
— ...
— ¿Por qué tenías que ser tú?
— Kacchan...
Los quejidos soltados por el rubio se hicieron más y más fuertes, la garganta se le destrozaba, las ganas de gritar seguían ahí, y no podía sacarlo, su cuerpo no se lo permitía. La lluvia paró y el cenizo se levantó. Dio una última vista a aquella piedra liza y se fue.
Izuku con intención de seguirlo, se detuvo un momento, en el mismo lugar en el que estaba Katsuki, leyó lo que estaba escrito y con una sonrisa melancólica se alejó siguiendo al cenizo.
Mientras que en su mente se mantenía esa pequeña inscripción.
"Aquí yace Midoriya Izuku. Amado hijo, amigo y compañero"