Entre condones rotos y alfas estúpidos
—¿Está todo bien ahí dentro, Luke?
Suelta un largo suspiro y mira la prueba de embarazo que descansa sobre el lavabo. Es el tercer susto de embarazo desde que se acuesta con Cregan. El bruto rompe condones como si fueran globos de fiesta y se excusa con un simple “aprietas muy rico, perdón”. El sexo es doloroso y no llega al orgasmo ni de chiste, no sin tocarse a sí mismo.
Lucerys sigue preguntándose por qué sale con Cregan. Podría decir que por su enorme verga, pero ni siquiera sabe usarla... de nada le sirve tenerla tan grande. Tal vez es porque Cregan y Jace son mejores amigos, y no quiere poner las cosas tensas entre ellos.
Sí, eso.
—Faltan cinco minutos —responde, nervioso—. Ya casi salgo.
El tiempo corre lento y su ansiedad aumenta. No le desea esto ni a su peor enemigo, el asqueroso tormento de esperar para saber si arruinó su vida o puede seguir siendo irresponsable un rato más.
La alarma de su teléfono indica el final de los cinco minutos de espera. Toma la prueba y el alivio le recorre el cuerpo al ver que es negativa. La bota en el cesto de basura y sale para abrazar a Cregan. El mayor lo interpreta como un ”no estoy embarazado" y se alegra. No es que no quiera tener hijos con Lucerys, pero el chico apenas tiene dieciocho (y el veintitrés), se presentó como omega hace poco y llenarlo de cachorros a tan corta edad no sería correcto. Además, Harwin y Jacaerys lo matarían.
—Debemos parar de coger sin condón —reclama Lucerys, molesto—. No podemos seguir jugando a la ruleta rusa.
Aparta a Cregan y camina hacia la cocina en busca de comida. Necesita azúcar con urgencia para recuperar la fuerza que los nervios y la ansiedad le arrebataron. Cregan lo sigue como un perro regañado, con las orejas caídas y la cola entre las patas.
—Pero cariño...
—Nada de cariño —resopla—. El que se va a joder soy yo si quedo embarazado.
—Puedo controlarme.
—No, no puedes, ya lo intentamos muchas veces y te corres dentro. ¡Deja de romper condones! ¿Qué les haces? ¿Acaso los compras caducados?
—¿Ahora es mi culpa? Tú eres el que no lubrica y está mas seco que el desierto.
—¡Te voy a matar!
Los interrumpen las risotadas de Jace y Aegon. Su hermano y su cuñado están ebrios, lo cual es normal para ser un viernes por la noche. Beber hasta olvidarse de sus nombres es una de las muchas actividades favoritas como pareja; los envidia, porque a Cregan solo le gusta coger y ver series en Netflix.
—¿Por qué las caras tan largas? —pregunta Aegon, alargando cada vocal—. ¿Se murió alguien?
Jace se carcajea como si fuese lo más gracioso del mundo. Ambos dan asco, pero son tiernos.
—Casi —responde Cregan—. Será mejor que me vaya.
Toma sus cosas e intenta darle un beso a Lucerys, pero el omega lo rechaza y termina besando su frente. Cierra la puerta tras de sí, sin mirar a ninguno de los presentes. Agradece que Jace esté ebrio y no pueda golpearlo.
—¿Qué pasó, Luke? —pregunta Jace, luchando por no verse ebrio—. ¿Te hizo algo? Si es así, le voy a partir la cara...
—Alto ahí, campeón.
Aegon lo detiene, jalándolo de la camiseta.
—No pasó nada, es solo que... Ay, qué vergüenza.
—Estamos en confianza —dice Aegon—. Te conozco desde que tienes trece años, somos familia.
Bueno, Aegon tiene razón, él y Jace son novios desde los dieciséis, y han presenciado sus mejores y peores momentos, algunos turbios. Saben casi todo de él (menos que coge con Cregan) y no van a contarle a Harwin.
—Es la tercera vez que... Creí estar embarazado.
—¡¿Tienes sexo con Cregan?! —pregunta (o grita) Jacaerys, enojado—. ¿Cómo se atrevió a tocarte?
—Ay, por favor, Jace, no exageres. Lucerys ya es mayor y él decide a quién entregarle su tesorito. Además, tú y yo cogemos desde los diecisiete. ¿Recuerdas nuestra primera vez? —suspira, enamorado—. Caminamos raro durante tres días y hasta creímos estar embarazados. Pero somos betas, no nos embarazamos.
Luke ríe, menos tenso. Algunos se incomodarán por las incoherencias de Aegon, pero a él lo divierten.
—Sabía que no debía presentarte a ese idiota.
—Es tu mejor amigo, Jace.
—Lo sé, amor, pero... Me da rabia pensar en todo lo que le hace a Luke.
—¿Te imaginas a tu hermano cogiendo con tu mejor amigo?
—¡No!
—¡Chicos! —habla Luke—. Solo fue un susto, la prueba dio negativo.
—Pero dijiste que es la tercera vez —recuerda Jace—. ¿Por qué?
—Tu amigo es un bruto que no sabe coger y rompe condones. Tenemos que hacerlo a pelo porque no importa qué marca de condones compre, todos se rompen como hojas de papel mojado.
—El sexo sin condón nunca, Luke. Eso hasta nosotros lo sabemos. Tú eres un omega, debes tener más cuidado.
—Sí, ustedes son perfectos, lo sé. Lástima que Cregan sea un pendejo.
—No somos perfectos, Luke —Jace sonríe, mirando a su novio—. Nuestra relación se basa en la confianza, en tener buena comunicación y amarnos a pesar de todo. Nos gusta la compañía del otro, compartimos intereses... No sé qué haría sin ti, cielo.
—Oh, Jace, te amo.
—Y yo a ti, mi amor.
—No se vayan a besar frente a mí, por favor. Qué asco.
—Eres un envidioso —se burla Aegon—. Algún día te vas a enamorar y nos vas a entender. Quizás sea de Cregan...
—Lo dudo.
—¿Entonces por qué sales con él?
—Es guapo y la tiene grande.
La cara de Jace se deforme de puro terror, hasta parece que se le ha bajado lo borracho.
—Luke, por dios —gruñe—. Me largo a dormir, ¿vienes, Egg?
—Te alcanzo en un rato.
Se dan un pico en los labios y Jace se va a su habitación, chocando con los muebles en el camino.
—Algo escondes... ¿Qué es?
—No es así, Egg...
—El embarazo-no-deseado no es lo único que te preocupa, ni lo torpe y pitudo que es tu novio.
—No es mi novio.
—Da igual —suspira—. Cuéntame, tal vez yo pueda ayudarte.
—Me da mucha vergüenza —confiesa—. Tengo miedo de ser un omega... defectuoso.
—¿Por qué dices eso?
—Joder, Egg, es difícil.
—Tranquilo, Luke. Una vez te atrapé masturbándote con un desodorante en spray, ya nada me sorprende.
—¡Aegon!
—Y soy tu cuñado favorito.
—Eres el único que tengo.
—Bah, detalles.
—Cuando tengo sexo con Cregan yo... no lubrico, por más que me estimule, es imposible. Duele mucho y no es agradable.
—¿Y cuándo estás a solas?
—Tampoco. Aquellito —Alza las cejas— tiene poco uso.
—¿Has probado el lubricante a base de agua? A mí y a Jace nos funciona de maravilla.
—No es lo mismo el pene de un beta que el de un alfa. Son grotescamente grandes, parecen caballos. Para eso lubricamos los omegas, para poder recibirla toda.
Ese comentario ha sido demasiado guarro, incluso para Aegon. Se pone rojo hasta las orejas.
—Diablos.
—Es un asco.
—Todo tiene solución, Lukey —sonríe, buscando reconfortarlo—. Sé que tu hermano y yo somos betas, no somos de mucha ayuda, pero conozco a alguien que sí.
—¿Quién?
—Mi hermano menor, Aemond. Es ginecólogo, uno muy bueno, se graduó con honores y antes que toda su generación, porque es un cerebrito. Trata omegas, mujeres beta y mujeres alfa.
—¿Tienes otro hermano? Pensé que solo tenías a Helaena.
—Aemond se fue a estudiar a Antigua cuando terminamos la secundaria. Regresó hace medio año, pero es muy huraño y no sale más para que trabajar. Mañana te paso su contacto, ahora debo ir con tu hermano y evitar que vomite mientras duerme.
—Les dije que no vieran Breaking Bad.
—Jace insistió.
Ambos ríen.
—Descansa, Luke.
Aegon lo abraza y le da un beso a la mejilla, luego se retira a la habitación de Jace.
Recibe un mensaje de Cregan disculpándose (otra vez) y le manda muchos emojis de besitos y corazones. Es insoportable, pero le tiene cariño. Fuera de que no sabe coger y es un bruto con las palabras, es un buen alfa. No debería romantizar el mínimo indispensable, pero en estos tiempos no puede ponerse exigente.
Va a su habitación, apaga el teléfono y lo deja sobre su buró. Se desnuda para después caer en la cama, agotado.